Es un hecho que en la actualidad dejamos atrás lo era industrial y estamos inmersos en la era de las nuevas tecnologías y de la información. Sin embargo, creo que este nuevo paradigma va mucho más allá. Estamos en la era del talentismo. Es decir, se trata de un presente donde el ciudadano utiliza su talento para poder incorporarse a la sociedad. Y más todavía, para ser feliz.

Pero aquí viene la cuestión clave, ¿estimulamos a nuestra mente a que y reflexionamos sobre nosotros mismos? ¿Sabemos en qué somos talentosos? Y el más importante, ¿en qué somos felices?

Si queremos encontrar nuestros talentos innatos, tenemos que eliminar el único obstáculo existente para la propia grandeza, que no es otro que el miedo a ser diferente. ¿Y sabes cuál es una premisa fundamental? Experimentar.
La idea es experimentar todo lo que podamos, porque es clave para encontrar nuestros talentos. Y una vez está clara esta premisa, hay que complementar esta experiencia. Es esencial que durante cualquier proceso educativo que estemos llevando a la práctica, hacernos las preguntas mágicas en cada una de las situaciones que experimentamos: ¿esto que hago me hace feliz? ¿Por qué me gusta? ¿Disfruto cuando lo hago? Así de fácil.

Hay que adquirir una capacidad crítica en cada una de las experiencias que vamos teniendo en nuestra vida diaria. Para que a medida que vamos avanzando en nuestro proceso educativo, seamos conscientes de nuestros talentos, saber en qué somos muy buenos. No vale decir soy simpático, juego bien a fútbol o pinto cuadros y le gustan a mi familia. Tenemos que aprender a ser críticos con nosotros mismos a sabiendas de cuáles son nuestras habilidades, aficiones, intereses y metas. Al igual que nuestras limitaciones. Cuando lo consigamos, es cuando seremos capaces de poder ir desarrollando cada uno de nuestros talentos.